El juez José Luis Flores, integrante unipersonal del Colegio de Jueces de la Primera Circunscripción, condenó a 20 años de prisión efectiva a F.D.G., tras hallarlo culpable de múltiples delitos contra la integridad sexual cometidos en un contexto de convivencia y vínculo de guarda en perjuicio de su hija y de su hijastra.
El veredicto fue dictado este jueves y el acusado, de 39 años, fue declarado autor penalmente responsable de abuso sexual gravemente ultrajante agravado por la convivencia preexistente y por su condición de encargado de la guarda, en perjuicio de una adolescente menor de edad. Producto de los ultrajes, la víctima quedó embarazada de un niño que nació en enero de 2021.
Además, el magistrado lo condenó por abuso sexual con acceso carnal agravado por el vínculo y por la convivencia preexistente, en perjuicio de una menor de edad identificada como N.N.G. Ambas conductas fueron consideradas en concurso real.
En la sentencia se valoró como atenuante la falta de antecedentes condenatorios. Como agravantes, el tribunal destacó la persistencia delictiva, las circunstancias de tiempo, modo y lugar, la defraudación del rol asumido por el imputado y el severo impacto psíquico generado en las víctimas y en la estructura familiar.
El fallo dispuso que el imputado continúe alojado en el Servicio Penitenciario Provincial y declaró la privación de la responsabilidad parental respecto de las decisiones que involucren a la joven víctima, y quedó esa facultad en ejercicio de la madre denunciante.
Como fiscal de Juicio actuó Fernando Rodríguez, quién en sus alegatos de clausura había solicitado 23 años de prisión, mientras que la querella estuvo representada por Fernanda Pereyra Jamenson y Strella Marín. Las abogadas solicitaron que el imputado fuera condenado a 30 años.
El acusado estuvo representado por el abogado Héctor Zabala Agüero.
El defensor de Niñez remarcó el impacto permanente del abuso en las víctimas
El Defensor de Niñez, Adolescencia e Incapaces, Nahuel Lede, expuso durante los alegatos sobre las graves consecuencias que dejaron los abusos en las víctimas directas e indirectas, y subrayó la relevancia de sus testimonios en el juicio.
Señaló que en la causa existen “dos niñas adolescentes que han sufrido un abuso sexual por parte de su progenitor biológico en un caso y su progenitor afín en otro”, y sostuvo que los relatos de las víctimas constituyen un elemento central, aunque también deben analizarse junto a “los indicios relevantes que han surgido de todas las jornadas durante el juicio”.
El defensor indicó que, además de las dos víctimas directas, existe una víctima indirecta: el niño nacido como consecuencia del abuso. “Ese niño y ese trauma de haber sufrido el abuso lo va a acompañar a la víctima durante toda su vida y a ese niño le va a repercutir en cuanto se identifica”, expresó, al remarcar que el hecho no puede “dejarse atrás” porque ese nacimiento mantiene vivo el vínculo con el agresor.
Lede también destacó como un momento clave la revelación de una de las víctimas tras la confirmación de la paternidad mediante una prueba de ADN realizada de forma privada. Afirmó además que el imputado habría intentado manipularla para que acusara falsamente a su hermano.
En relación con su hermana, el defensor recordó que su revelación ocurrió el 21 de agosto de 2022, Día del Niño, en medio de un “malestar emocional insostenible”.
Consideró que el tiempo transcurrido respecto de los hechos pudo haber sido un mecanismo de defensa. Durante el juicio, la joven relató episodios de abusos reiterados ocurridos cuando la madre no estaba en la vivienda, situaciones de extrema violencia y también intentos de autolesión y asistencia psiquiátrica posteriores.
El defensor cuestionó además la versión brindada por el acusado, al considerar inverosímil que pudiera haberse producido un embarazo sin penetración.
Finalmente, Lede sostuvo que los hechos provocaron la desintegración del núcleo familiar y un daño profundo en la infancia, adolescencia y proyecto de vida de las víctimas.
Fuente: Prensa Poder Judicial




