El día de hoy, a través de los medios del grupo Payné, que en la actualidad es controlado por el sector de Alberto Rodríguez Saá, se dio a conocer una denuncia por abuso sexual en contra del abogado y político José Luis Dopazo. Si bien el último que cargo público que ocupó Dopazo fue el de concejal por el Frente para la Victoria, integrando el sector de Enrique Ponce, el abogado regresó en 2017 al sector de los hermanos Rodríguez Saá y hoy en día es parte del “adolfismo”.
La denuncia fue realizada el pasado 15 de febrero por María del Sol Uría, una mujer de 41 años que aseguró haber sido abusada sexualmente por Dopazo hace 27 años, cuando ella tenía tan solo 15 años. No solo eso, la Uría aseguró que hay más casos de mujeres que sufrieron violencia en manos del abogado y político.
Según reportó El Diario de la República, la mujer no especificó la fecha exacta del hecho, pero sí recordó que fue de madrugada, durante una de sus primeras salidas nocturnas. Uría también dijo que todo fue “una mezcla de pánico, temor, vergüenza, impotencia, frustración, ira, pérdida de autoestima, desvalorización” y que esto la invadió “durante muchísimos años”. La mujer también señaló que durante todos estos años tuvo que ver como Dopazo “escalaba posiciones sociales, seguía ejerciendo su profesión y se paseaba por los bares como al día de hoy”.
Sobre los hechos que denunció, Uría dijo que en el momento del intento de abuso, ella vivía con su familia en calles Colón y Tomás Jofré de la ciudad, desde donde salió para ver una banda que tocaba en un lugar llamado “La Cueva” ubicado en avenida España casi Maipú, donde se topó con Dopazo.
“’El Negro’ (como se lo conoce) era como un tío para mí. Su mujer y sus dos hijos frecuentaban mi casa y teníamos reuniones familiares. Asistieron a mi cumpleaños de 15 como consta en las fotos de mi álbum”, relató en la denuncia, por lo que no sospechó del ofrecimiento.
De acuerdo a lo informado por El Diario de la República, Uría relató que le habían dado permiso hasta las tres de la madrugada para regresar a su casa, que estaba sola pero había acordado juntarse con unas amigas en otro lugar, en el boliche llamado Mecano (actualmente Sky), que funcionaba en calle Héroes de Malvinas a unos 30 metros de Riobamba. Dijo que Dopazo en esa época compartía un estudio jurídico con su padre, Omar Uría (otro conocido abogado de la ciudad) y que le propuso llevarla en su auto hasta el local bailable, a lo que accedió.
Pero a Uría le sorprendió que, ya en el auto, Dopazo se desviara hacia su entonces domicilio, en Juana Koslay, y no hacia el boliche. “Me dijo que tenía que ir a buscar algo”, recordó. Una vez en su casa, el abogado sacó una botella de whisky, sirvió dos vasos y empezó a hablarle de la buena relación que lo unía con su padre y compañero de estudio. “Comencé a observar algunas actitudes diferentes en su trato”, detalló y le pidió pasar al baño y le exigió que la llevara a Mecano una vez que saliera.
“No alcancé a abrir la puerta (del baño) cuando se abalanzó sobre mí. Comenzó a manosearme, y a pesar de mis intentos de soltarme no lo logré, y tomándome de los pelos me arrastró hasta una habitación”, donde la tiró sobre una cama y se le tiró encima, según relató Uría en la denuncia que fue reproducida en parte por El Diario de la República.
Allí, siguió manoseándola. “No digas que no, yo sé que te gusta”, fueron las palabras de Dopazo que recordó Uría, quien agregó que el abogado le levantaba la pollera y le metía la mano debajo de la bombacha. “Su pantalón estaba bajo y podía sentir su pene en mi entrepierna”.
“Al verme sometida y sin posibilidad de escapar, con su lengua en mi cuello y toda su humanidad sobre mí, recordé la voz de mi abuela que me decía que a los degenerados nunca hay que mostrarles miedo”, dijo Uría, quien le aseguró a Dopazo que si abusaba de ella, iba a tener que matarla para que no lo denunciara.
Así dijo que se libró y corrió al auto de él, que desafortunadamente estaba sin las llaves puestas. En ese momento, el hombre llegó al vehículo y le dijo que la llevaría a su casa. “Manejó a gran velocidad por la Aguada de Pueyrredón, mirándome y repitiéndome ‘vos no vas a decir nada’. En la esquina de Caídos en Malvinas y Riobamba me tiré del auto y entré corriendo a Mecano”, denunció Uría, quien luego se escabulló entre la gente para perderlo de vista y salir por una puerta de servicio para regresar a su casa.
“Recién hoy con 41 años, con una hija de 10 años, uno de 7 y una sobrina de 15, en un contexto histórico donde casos similares han sido denunciados públicamente y que están en boca de todos, con jueces que han dictado fallos de abusos cometidos hace 30 años, me atrevo a denunciar ante la Justicia el abuso que sufrí”, argumentó en su denuncia y enfatizó que tiene la total certeza de que no es la única que sufrió violencia de manos de Dopazo.