“Lo que hacemos es compartir el testimonio de nuestras experiencias de dolor, de lucha y de esperanza”

La semana pasada, La Gaceta tuvo la oportunidad de dialogar con Sebastián Cuattromo, uno de los miembros del colectivo Adultxs por los Derechos de la Infancia, una ONG que busca poner de relieve los abusos sexuales sufridos por sus integrantes para concientizar sobre el tema e incentivar a otras víctimas a hablar sobre lo que han pasado. Durante nuestro diálogo, Cuattromo habló sobre las formas que toma el abuso en Argentina y sobre como hablar sobre ello es la mejor terapia para sus víctimas.

En su caso en particular, Sebastián fue abusado, cuando tenía 13 años, a fines de la década del 80 y comienzos del 90, a manos del entonces cura marianista Fernando Picciochi, a quien logró llevar a juicio oral y público casi dos décadas después. Tras más de una década de proceso judicial, en 2012 se llegó a la condena de 12 años de prisión para Picciochi. Ese fallo fue ratificado en 2014 por la Sala Tercera de la Cámara de Casación Penal de Buenos Aires y se espera, para el próximo 29 de marzo, que también lo haga la Corte Suprema de la Nación, sentando así un importantísimo precedente para casos de abuso sexual y corrupción de menores.

La historia de Sebastián es además una de las que figura en el listado de abusos perpetuados por curas católicos que puede leerse al final de “En Primera Plana” (Spotlight), la ganadora del Oscar a mejor película en 2016.

Y si bien su abuso fue llevado a cabo por un cura católico, Cuattromo destaca que en la Argentina “el abuso sexual infantil donde más sucede es dentro de las familias de todas las clases sociales” y que es un delito que “atraviesa transversalmente a toda la sociedad”. “Muchas veces está instalado ese prejuicio de tipo clasista y discriminatorio, que pretende hacer creer que esta injusticia, como otras, solo sucedería en los ámbitos socialmente más vulnerables”, remarcó Cuattromo.

“Nosotros nos movemos con una estadística que habla de que una de cada cuatro niñas y uno de cada seis niños sufren abuso sexual infantil, tomando como niño la acepción que da la Convención Internacional de los Derechos del Niño, que establece como niño a toda persona hasta los 18 años de edad. Estas cifras nos dan una magnitud de la masividad que tiene esta injusticia y es algo que nosotros corroboramos con nuestra práctica”, contó el integrante del colectivo Adultxs por los Derechos de la Infancia.

En cuanto al perfil del abusador, Sebastián destacó que los abusadores sexuales son en su gran mayoría varones. “El abuso sexual infantil es un tipo de violencia descomunal, muy profunda, muy sutil, sustentada en un tremendo abuso de poder, donde la desigualdad y la asimetría que hay naturalmente entre todo adulto y un niño, niña o adolescente es enorme”, destacó Sebastián.

“No es algo que tenga que ver con supuestos niveles culturales o educativos”, agregó Sebastián, refiriéndose al perfil de los abusadores, antes de hacer un repaso de casos en los que los abusadores son personas consideradas celebridades, como el cineasta Woody Allen, el ex presidente paraguayo Fernando Lugo, y el director técnico Héctor “Bambino” Veira, cuyo polémico caso lo tocó muy de cerca a Sebastián.

“Fue condenado y cumplió una pena de prisión, más allá de que después se haya reciclado en cierta farándula mediática, que es algo que yo siempre resalto mucho como un ejemplo de todavía el enorme permiso social que hay con respecto al abuso sexual infantil”, opinó Cuattromo, quien además es un declarado hincha de San Lorenzo de Almagro, club del cual Veira es uno de sus máximos exponentes.

“Yo sufrí abusos cuando tenía 13 años de edad, en 1989 y 1990, en la ciudad de Buenos Aires, cuando estaba terminando la primaria en el Colegio Marianista del barrio de Caballito. En ese momento estaba sobre el tapete periodístico el llamado caso Veira. En esos momentos iba a la tribuna popular de San Lorenzo y en esas tribunas se cantaban canciones reivindicando a Héctor Veira y burlándose de su víctima que era un niño igual que yo. Y lo que se cantaba en las tribunas del frente eran canciones burlándose de Veira, pero también de la situación. Esa experiencia tan de pesadilla en aquellas canchas de fútbol, al mismo tiempo que sufría mis abusos, me hacía sentir que si yo intentaba hacer algo con lo que me estaba pasando, esa sociedad adulta que me rodeaba, muy lejos de saber comprenderme, ayudarme y protegerme, me iba a destruir, que iba a ser un objeto de burla y estigmatizado”, compartió Cuattromo.

Una de las claves para salir de la vergüenza, miedo, impotencia y todas las otras sensaciones que un abusado habitualmente siente es, contó Sebastián, simplemente hablarlo, exteriorizarlo. Y en ello, el primer interlocutor de la víctima juega un rol clave. “Esa primera vez en que una víctima de abuso puede ponerlo en palabras y compartirlo con alguien es muy importante la reacción de ese interlocutor. Yo tuve la suerte de encontrarme con una persona que me demostraba que él sentía que lo que yo estaba compartiendo era algo muy doloroso y muy grave”, rememoró Cuattromo, quien tardó 10 años en poder contar lo que sufrió, destacando que no todos corren con la misma suerte.

“Muchas personas lo contaron, se lo confiaron a alguien y esa persona no estuvo a la altura de las circunstancias y eso llevó a que como víctimas se volvieran a cerrar y plegar sobre si mismos”, contó Sebastián, señalando que esta situación inclusive se da muy frecuentemente en los ámbitos de terapia. “En materia de asistencia psicológica es una de las grandes deudas que tenemos como sociedad y que en este caso tienen el estado y las instituciones públicas”, añadió.

Lo que es más, desde el Colectivo de Adultxs por los Derechos de la Infancia consideran que esta falencia también se extiende, lamentablemente, al Poder Judicial. “Hay un gran desconocimiento de lo que es el abuso sexual infantil, de lo que es tratar con una víctima de abuso sexual infantil, que muchas veces no lo manifiesta con palabras o con un discurso coherente como lo hacemos los adultos”, opinó Cuattromo.

Volviendo a su historia personal y a los paralelos con “En Primera Plana”, Sebastián encontró a otro alumno del Instituto Marianista que fue abusado por Picciochi, quien lo acompañó en la presentación de la denuncia penal, luego en la querella y en el juicio oral y público de 2012. Desafortunadamente, hubo víctimas que no se sumaron a la denuncia, ya que “les daba mucho miedo recurrir con una denuncia al Poder Judicial por este tema y ser revictimizados”.

Previo a esto, el Instituto Marianista tomó conocimiento de los abusos en 1991. “Lo que el colegio hizo fue proteger al abusador, manejar el tema en silencio y secreto y después este abusador apareció trasladado, del colegio Marianista de Caballito, a una institución del mismo colegio y de la misma congregación en la Patagonia”, relató Cuattromo, señalando como la Iglesia Católica implementó en Argentina el mismo sistema de protección de pedófilos que develó la investigación del Boston Globe en la que se basa la película “En Primera Plana”.

Por su parte, Picciochi (foto), cuando fue denunciado en el año 2000, ya había dejado los hábitos, pero seguía trabajando como docente en escuelas públicas y privadas. En cuanto Sebastián realizó la denuncia, el ex cura se dio a la fuga, logrando evadir a la Justicia por 10 años. Sin embargo, en 2012 se llegó a una condena de 12 años de prisión para Picciochi por el delito de corrupción de menores. Ese fallo fue ratificado en 2014 por la Sala Tercera de la Cámara de Casación Penal de Buenos Aires y se espera, para mañana, martes 29 de marzo, que también lo haga la Corte Suprema de la Nación, sentando así un importantísimo precedente para casos de abuso sexual y corrupción de menores.

Además, durante el juicio, el Instituto Marianista tuvo que asumir su responsabilidad civil por su rol en los abusos. “Con la causa penal encaminada, con Picciochi prófugo de la Justicia y un procesamiento confirmado en primera instancia, la institución pretendió que esta historia no tomase estado público y hacer un acuerdo privado a la hora de enfrentar su responsabilidad civil”, recordó Cuattromo.

Durante este mismo periodo, Sebastián puso su caso en conocimiento de la jerarquía católica de la ciudad de Buenos Aires, encabezada por aquel entonces por el ex cardenal Jorge Bergoglio, más conocido hoy en día como el papa Francisco. “No me recibió personalmente y decidió derivar el tema en el entonces obispo Mario Poli (ahora arzobispo de la Arquidiócesis de Buenos Aires)”, relató Sebastián, quien le explicó a Poli el acuerdo privado al que pretendía llegar el Instituto Marianista.

“La respuesta que recibí de Mario Poli fue que ellos no veían con malos ojos la actitud del Marianista. La mirada que ellos me transmitieron fue una de profunda subestimación de la gravedad del delito de abuso sexual infantil y del sufrimiento de las víctimas”, opinó Cuattromo.

Y a pesar de su negativa experiencia con las máximas autoridades del Catolicismo en la Argentina, Sebastián hoy en día ve con buenos ojos y valora del papa Francisco “su actitud pública de reconocimiento de la gravedad de este delito y de la gravedad de los encubrimientos que la iglesia Católica ha mantenido con respecto a este delito en todo el mundo”.

“El cambio de actitudes en la jerarquía católica y el Oscar a la película ‘En Primera Plana’ certifican que nuestras luchas se están haciendo sentir, se están haciendo sentir en la agenda pública, en la conciencia colectiva y en buena hora que el papa Francisco toma nota de este contexto internacional”, opinó.

Otro tema que Sebastián tocó en nuestra conversación fue la excelente Ley Nacional de Educación Sexual, lamentando su pésima aplicación en casi todo el territorio nacional, que es algo a lo que San Luis no les escapa, como quedó evidenciado en la última conferencia de prensa que el gobernador Alberto Rodríguez Saá mantuvo con los medios locales.

Por último, Sebastián contó que el colectivo realiza todas las semanas, en el Centro Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, un “encuentro solidario de pares”. “Es un espacio donde toda persona que haya sufrido abusos en su infancia o toda persona adulta que esté luchando en el presente por defender un niño víctima pueda venir a compartir su experiencia. La persona tiene la garantía que lo que viene a compartir queda ahí adentro y se da mucha importancia a que quien está sufriendo esta injusticia sepa que el que lo está escuchando lo comprende y acompaña solidariamente. Ago tan simple como esto de compartirlo grupalmente, saber que el otro te comprende, mejora sustancialmente la calidad de vida de las víctimas y de los adultos que luchan para defender a las víctimas”, dijo Sebastián, no sin antes recordar el lema del colectivo, el cual es “para criar un niño, hace falta una aldea”.

Además, a través del Facebook del colectivo, Adultxs por los Derechos de la Infancia asesora y ayuda a todas las personas que habitualmente les escriben para contarles su caso particular o el de una persona querida.

El paso por San Luis
“Como cada lugar del país que visitamos, fue un trabajo muy emotivo, porque lo que hicimos, en este caso en Villa Mercedes, gracias a los compañeros que nos invitaron, a través de una ONG local, fue organizar una actividad pública y abierta para toda la comunidad de Villa Mercedes. Lo que hicimos nosotros es lo que hacemos siempre, ir a compartir el testimonio de nuestras experiencias de dolor, de lucha y de esperanza. Lo que contamos es lo que nos pasó, lo que sufrimos, como vivimos nuestras infancias y adolescencias con aquel dolor; y lo que hemos venido
haciendo con todo este sufrimiento como adultos. Contamos nuestras historias y luego las abrimos al intercambio, al diálogo y a la reflexión crítica colectiva”, contó Sebastián sobre las acciones que el colectivo Adultxs por los Derechos de la Infancia desplegó en nuestra provincia y en todos los lugares que visita.

“Nuestra presencia, en el caso particular de Villa Mercedes, sirvió y contribuyó positivamente para que ese juicio no pasara desapercibido a nivel local y nacional”, agregó Cuattromo, manifestando un gran cariño por nuestra provincia y esperando en el futuro poder desarrollar alguna actividad en la Capital.

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