Tras la construcción del dique se le inunda el campo y se quedó sin camino de salida a la ruta

Si bien desde hace tiempo que ya no vive en ella permanentemente, él y sus sobrinos dormían en esta casa ocasionalmente cuando la jornada de trabajo en el campo se hacía muy larga. Con el agua tan cerca, desconociendo lo que le puede estar haciendo a los cimientos bajo tierra, y también ante la posibilidad de una nueva crecida; don Pascual y sus sobrinos han tenido que vaciar la casa y ya no se animan a quedarse a dormir. 

Hasta el momento, nadie se ha hecho cargo de esta situación por parte del Gobierno en general, o de San Luis Agua en particular. Para colmo, el primer abogado que tuvo, Rubén Honorato, lo “estafó”, según contó don Pascual. “Estuvo más o menos un año y medio haciéndonos perder tiempo”, dijo Giammarco, quien ahora debe pagar para utilizar el camino del campo de un vecino, de apellido Sosa, y así poder llegar al suyo. Este camino es de tan solo 3 metros de ancho, lo que dificulta considerablemente algunas tareas que antes se podían realizar con mayor facilidad por el camino que ocupó el dique, el cual era de 10 metros. Este contrato es por tres años y vence dentro de poco tiempo, por lo que don Pascual todavía no sabe cómo va a poder llegar a su campo.

De igual manera, el problema más preocupante es el agua, la cual no ha parado de juntarse desde que, estima Giammarco, se cerraron las compuertas del dique. “Había un hombre conocido que siempre cuidaba que el agua no subiera. Y empezó a subir el agua. Le digo, ‘che, ¿qué pasa que sube el agua?’ Y el me responde, ‘me dieron la orden que cerráramos la compuerta y que ahí no vas a tener más pasada’”, contó Pascual.

“Todos los días estoy, pero voy y vuelvo. Me disparo de noche porque temo que llegue el agua. Es un caserón hermoso y todo, pero está sin nada adentro. A medio metro de hondura nomás ya hay agua que se viene arrimando. Ahí teníamos cinco corrales, pero los arrancamos a todos, hace 10 o 15 días. Cuando los íbamos arrancando, usted cavaba medio metro para sacar un poste y ya estaba el agua que se venía acumulando. Lo que tememos es que se muevan los cimientos por el agua que va bajo de la tierra”, manifestó el hombre, destacando lo mucho que esto complica la crianza de animales y sembradío que realiza en su campo. 

Día a día, la situación del campo de don Pascual y sus sobrinos empeora. La cantidad de agua es cada vez mayor y por el lado del Gobierno no ha tenido respuesta alguna. Para colmo, su nuevo abogado, Sebastián Ponce, se fue a vivir a España hace unos meses, así que no sabe si va a seguir llevando su caso. Con 77 años, Pascual Giammarco no tiene idea de qué va a pasar con el campo que, por generaciones, ha sido el sustento de su familia. “Yo viví toda mi vida allá y tuve que alejarme cuando empecé a mirar mal la cosa que el agua arribaba”, concluyó don Pascual, con mucho dolor en su voz.

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