La madre de Guadalupe contó todo sobre su vida de prostitución, las amenazas de muerte que recibió y los motivos por los cuales abandonó a sus dos hijas cuando decidió volver a Mendoza.
Ayer a la mañana comenzó el juicio oral contra Miguel Ángel Riquelme y Dora Alejandra Videla por el homicidio de Guadalupe Di Falco en 2010; y también contra Débora Di Falco, madre de la niña, por abandono de persona, agravado por el vínculo y el resultado. Los presuntos homicidas se abstuvieron de declarar, algo que no sucedió con Débora, quien brindó un desgarrador testimonio de las circunstancias que rodearon su vida y el abandono de sus dos hijas, Guadalupe y Fátima, en la casa de Riquelme.
Ante el tribunal, Difalco relató que, durante su niñez, estuvo internada en instituciones de menores en dos ocasiones. La primera fue a los 6 años, cuando su madre, Graciela, la dejó encerrada en la casa y, ante los gritos de ella, los vecinos llamaron a la policía. La segunda vez, a los 14 años, fue nuevamente a raíz de una denuncia de sus vecinos, quienes sospechaban que la menor se prostituía y que su madre sabía de ello. En esta segunda ocasión, estuvo internada casi 10 meses, pero nuevamente volvió a vivir con su madre. De igual manera, sus vecinos tenían razón, ya que Débora comenzó a ejercer la prostitución a los 13 años. Dos años después, a los 15, fue cuando conoció al padre de Guadalupe, un señor mayor de más de 60 años de edad que le prometió que le ayudaría a cuidar de su bebé, pero nunca lo hizo.
Atento a que en donde vivían, Maipú (provincia de Mendoza), estaban en una muy mala situación, el 14 de abril de 2009, Débora, nuevamente embarazada, su madre y Guadalupe, llegaron a la provincia de San Luis. La imputada sostuvo que vinieron a la provincia porque su madre tenía conocidos que las podrían ayudar, pero una vez en la ciudad de San Luis, nunca los pudieron encontrar. Allí fue cuando conocieron a Miguel Riquelme y Alejandra Videla. Según Débora, fue Graciela quien los conoció en primer lugar, ya que iban juntos a comer al comedor de una parroquia. Fue durante esos almuerzos que tanto Miguel como Alejandra les ofrecieron su casa para poder quedarse. Sin embargo, al poco tiempo, la madre de Débora decidió volver a Mendoza, dejando a su hija y su nieta en la casa de Riquelme. “Yo le rogué que no me dejara ahí sola, embarazada, pero ella se fue igual”, sostuvo Débora.
Al poco tiempo, nació Fátima, pero como su madre había perdido sus documentos, concurrió al hospital con el DNI de Videla. Para su sorpresa, días después, Riquelme anotó a la niña como si fuera suya. “Yo nunca quise dársela. Cuando vi que era un problema estaba más asustada. ¿Cómo iba a recuperar a Fátima e irme con ella? Estaba confundida, no me di cuenta de lo que estaba haciendo”, declaró Di Falco, quien, al ser consultada sobre el padre biológico de la niña, respondió: “No tiene padre Fátima, no se quien es el padre. Me quedé embarazada en un prostíbulo de Fátima. Se me rompió un preservativo y quedé embarazada de ella”.
Una semana después del parto, Débora volvió a prostituirse. Al parecer, no quedó claro en su relato, esto se debió a que su odiada madre había regresado a San Luis. “Cada vez que viví sola estuve bien. Cuando se aparecía mi mamá se me desmoronaba todo. Siempre venía a pedirme plata y cuando tenía suficiente me dejaba sola otra vez. A la semana de haber tenido a Fátima tuve que salir a trabajar otra vez porque no había mal plata en la casa y no teníamos nada. Sentía que se me caía el cuerpo”, narró la imputada.
Cuando finalmente regresó a las calles a prostituirse, Débora decidió hacerlo sin un fiolo. “Sabía que si te agarraban, te pegaban y no volvías más. Andaban como tiburones alrededor mío, pero no me iba con nadie. Trabajaba en la esquina de la Previsora y no tenía para pagar la
semana… y si no pagaba me daban vuelta y no me iban a dejar trabajar en paz en ningún lado. Era una competencia a muerte, porque si trabajabas más que las otras te venían a pegar”, contó Di Falco, quien aseguró que la quisieron matar en dos ocasiones. Primero la abandonaron en la ruta a La Punta, mientras que la segunda vez le pusieron un revolver en la cabeza. Además, una noche Policías de civil la llevaron a una comisaría y le tomaron los datos, pintaron los dedos, y sacaron fotos de sus tatuajes, para “tener un registro” de que estaba trabajando en las calles puntanas.
Al parecer, todas estas amenazas y problemas hicieron a que Débora decidiera regresar a su Mendoza natal, pero no pudo llevarse a sus hijas, ya que le exigía dinero a cambio de Guadalupe, y le dijeron que a Fátima se la habían llevado “sus padrinos”. Cabe recordar que la hermana menor de Guadalupe había sido “entregada”, nunca se aclaró si en realidad fue vendida, a una vecina de Riquelme, de apellido Garro, cuando tenía tan solo 8 meses de edad. Esta misma mujer se presentó de manera voluntaria a declarar ante una comisaría, para devolver la beba, la cual tenía un año y dos meses cuando ocurrió el asesinato de su hermanita. Afortunadamente, se encontraba en muy buen estado de salud y bien alimentada.
Eventualmente, a través de Facebook, Débora se enteró que su hija Guadalupe había sido asesinada y volvió a San Luis, donde fue arrestada, se le dictó la preventiva, pero luego se la dejó ir. Ya procesada, Di Falco volvió a Mendoza, donde está siendo asistida por una ONG que trabaja con chicas de la calle. Finalmente, regresó a San Luis para el juicio que comenzó el día de ayer, durante el cual el fiscal de la causa solicitó una pena de 12 años de prisión.


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